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25/10/2023

CREMÀ EXTRATEMPORAL (remozado)



Extrañas sensaciones las que me ha causado la "Cremà" de les falles hoy, 5 de septiembre, en el 2021, como si la cosa no fuera conmigo, como si no fuera valenciano y no sintiera las fallas, que extraño es saber que mañana o pasado no va a comenzar la primavera y que mi corazón no se va a ir abriendo sino cerrando en este sinsentido de caminar al revés de las estaciones de nuestro sentir valenciano al ver cerrarse, que no abrirse, la luminosidad vital. Yo se que un día las fallas volverán y de nuevo llenarán el espíritu valenciano, no serán quemadas las guardadas en el almacén ni las falleras estarán alargando sus reinados forzadas por un microscópico invasor, será todo del tiempo, como ha correspondido año tras año y yo las seguiré amando, como a la mujer valenciana y a mi tierra. Seguiré con mis ilusiones y permaneceré vivo dando gracias a quienes me permiten ser mi ilusión, aunque lo seguirían siendo aún sin su permisión. Vivan las fallas, volverán, sí, volverán, y si mi padre estuviera todavía le felicitaría en su día porque será su día y mis hijos me felicitarán porque será mi día. Volverán, deseo ver como vuelven. 

Guillermo Piquer. 5 septiembre 2021

  


Estaba releyendo esto que escribí con motivo de que se quisieron celebrar las fiestas falleras fuera de tiempo, debido a la pandemia del coronavirus, y al fijarme en la fecha del escrito y en las vivencias del momento caigo en la cuenta, una vez más, de lo veloz que pasa el tiempo. Y ello me ha traído a la memoria, además de lo dicho, la mala época que estuvimos viviendo, como iban cayendo, como iban muriendo muchas personas una tras otra, diariamente se iba gente conocida, en su mayoría gentes adultas. La verdad es que no se ni podría definirme sobre qué pienso de aquello, de aquella supuesta infección que se fue extendiendo país tras país a una velocidad increíble hasta llenar todo el ámbito de la Tierra. Fue todo un experimento con una duración limitada en el tiempo?. Dicen los investigadores expertos, que no los hay ni los hubo, que si nació en China, vete a saber. De pronto, y en muy corto espacio de tiempo, aparecen una vacunas, más bien parecía algo experimental, que empiezan a aplicárseles a las gentes que necesitábamos sentirnos a salvo de aquella amenaza. No se si con la supuesta efectividad de aquella medida o que la virulencia de la infección estaba programada y empezaba a decaer fue el tiempo pasando, se fue convirtiendo en algo menos escandalosamente siniestro y poco a poco desapareciendo de la vida de las gentes como una lotería fatal. Fue todo esto en el año 2021 y parte de 2022. Afectaba al aparato respiratorio causando la muerte especialmente, que no exclusivamente, de personas adultas más bien mayores, aunque no había una edad que hiciese de divisoria verdad es que parecía atacar más a personas de pasados los 50, algo así. Fue una especie de criba de prueba para eliminar gastos de los Estados, algo así como un ensayo sobre lo que se podría hacer. Algunos gobiernos aprovecharon la situación y pretendieron que los habitantes adquirieran confianza en ellos haciendo creer falsamente  que tenían dominada la situación con comités de expertos que posteriormente confesaron que ni existieron siquiera. Bien, vamos a convenir que hubo un grave problema pero nadie sabe realmente qué fue, sólo sus efectos resultantes, ni saben porqué vino, cómo nació así de pronto sin más, ni tampoco porqué desapareció.

 

Pero todo esto que cuento es porque me ha venido a la mente que fue en aquellas fechas cuando estuve en conversación telefónica con una amiga, las personas no podíamos vernos, ni visitarnos, ni quedar para un café, lo teníamos prohibido, teníamos prohibido por Real Decreto salir de casa, estábamos confinados, todos éramos asesinos en potencia por tanto mejor que las personas no llegáramos a reunirnos, decía que con aquella apreciada amiga estuve de charla, una larga y tendida charla, de casi una hora, repasando esta historia veo que fueron 46 minutos, en los que hablamos de todo, de mucho, y cómo no de la pandemia que se estaba viviendo. Ya habían nacido las llamadas vacunas y también sobre eso hablamos. Me preguntó sobre qué pensaba de ellas, sobre un experimento que se decía que se hacía en el que, me contaba, que te ponías algo metálico, por ejemplo una llave, encima del sitio en donde te habían inoculado la vacuna y se quedaba pegada como si se tratase de un imán que atraía a la llave. Le dije que no había hecho tal experimento pero que no sabía hasta que punto podía ser cierto, me aseguró que sí, que se lo habían confirmado personas que lo habían hecho, pero que ella no lo podría hacer porque era totalmente contraria a ponerse la vacuna pues no se sabía qué contenía. Le comentaba yo, confiado de mi, que según podía leer o informarme de alguna manera era que había personas que según se decía se habían escapado de la gravedad de la infección gracias a que habían sido vacunadas. No te lo creas, es todo propaganda, si no ha sido ni probada ni experimentada,no ha habido tiempo para ello. Le pregunté si ella estaba dispuesta a ponérsela y una vez más me dijo que no, que ni hablar de ello porque no se creía nada.

 

A los treinta y pocos días me llega la noticia que mi citada amiga había contraído la infección, es hospitalizada, cuidados intensivos, y un par de días después había fallecido.

 

Algo más de un mes separó nuestra conversación telefónica y su fallecimiento. Fue aquella una charla, que pensé después recordando todo lo hablado, de despedida?. Quizá lo fue, la vida actúa en ocasiones de esa forma tan inesperada e increíble para nuestra lógica.

 

Es un suceso más de los acaecidos a lo largo de mi vida. Francamente me afectó, me impactó y me hizo pensar en que nunca sabemos si actuamos de la forma correcta puesto que no podemos proceder de una forma y de la contraria a un tiempo para poder juzgar cuáles son los resultados más oportunos. 

Guillermo Piquer. 25 octubre 2023

 

20/10/2023

EN LA COLA DE LA COMPRA

Me encontraba yo esta mañana haciendo la cola para comprar la longaniza de Sant Nicolau, patrón de los marineros, de los niños y de los alumnos, porque soy de los que piensan que las tradiciones hay que mantenerlas y si hay que cantarlas se cantan, porque las cancioncillas populares venidas por la vía de la tradición, vete tu a saber dónde nacidas y crecidas aunque desde luego no con insana intención, y si la circunstancia actual de nuestra ciudad ha cambiado respecto a años atrás pues no vamos a estar cambiando nuestras tradiciones según quien venga, tampoco los que llegan cambian las suyas por nosotros.

Es curioso observar que en esta nuestra tierra, al menos en esta pequeña parcelita nuestra, si una persona de otro hablar te pregunta te sientes “como obligado” a satisfacerle en la lengua suya, aunque sea usando cuatro infinitivos que conoces… También hay quien en esta época de ciencia divulgada se sabe todos los idiomas y puede responder utilizando la tecnología digital, es decir señalando con el dedo los objetos referidos en la cuestión y vocalizando mucho en nuestro idioma para que el extraño lo pueda entender mejor. A veces me parto de la risa, otras veces me da tristeza porque quien tiene que solucionarse éso es el llegado y no nosotros, aunque es seguro que ya lo sabía de antes de salir de su lugar de origen… y creo que de hecho lo saben, pero quizá forma parte de la diversión con los españoles ver cómo, sin saber ni una palabra, tratan de hacerse entender. Pues no es así, está bien tratar de ayudar… pero no está bien entrar en lo ridículo. Cuando yo he preguntado algo en mi lengua me han respondido, si me han entendido, en la suya y si ven que no lo entiendo me lo repiten con otras palabras y si ven que sigo sin entenderlo han pedido excusas en su idioma y con una sonrisa, eso sí, me han dejado con mis dudas. 

Todo esto venía a que si hay que “menjar llonganissa ja que menjar-la”. Hace unos años quise recuperar fotográficamente la tradición escolar del día de Sant Nicolau en que, acompañados de nuestros maestros y de nuestras flamantes espadas de madera, hechas para la ocasión por algún carpintero amigo de la familia las mejores y con medios caseros las demás, hacíamos excursiones, a pie claro, al puerto, a la playa, al rio Mijares, a la bota, y sitios así, y allí, entre batalla y batalla, nos comíamos el bocadillo de llonganissa, de la especial del día, enorme, que nuestras madres tan amorosamente nos habían preparado con la ilusión de que no se perdiese la tradición, y me encontré con un grupito escolar que había hecho lo dicho. Me acerqué y pedí permiso a los maestros y maestras que les acompañaban para saber si habría inconveniente en que tomase unas imágenes de “la excursió de Sant Nicolau”. Tras celebrar un, más o menos, cónclave entre ellos y tras preguntarme cual era la finalidad, me expresaron sus dudas pues en dicho grupo de infantes los había de diversas procedencias y que, por experiencia, no a todas sus familias les podía parecer bien, porque hoy por mucho menos que eso te montan cualquier complicación. Ante tal situación opté por facilitarles las cosas y batirme en retirada sin tomar fotos. Respetable pero cómo ha cambiado nuestro país, ni para bien ni para mal, no entro en eso, sólo que cuánto ha cambiado.

Y a qué venía esto? Ah sí. Resulta que mientras estaba haciendo la cola me fijé en una morcilla de cebolla que no tenía aspecto de tal, su tamaño, el de una persona de mediano tamaño, estaba allí en la cola y que por su extremo frontal superior se asomaba a todas luces una cara. Me quedé mirando, me faltaba que me saltase en la memoria la ficha de esa cara, mediática, conocida, y finalmente caí en la cuenta y me acerqué a él. No, por favor, no me delates, estoy de incognito haciendo un encargo para la realeza, todos los años comen vuestras “llonganisas”. Ahhhh, está en todas partes el Pequeño Nicolás, que por cierto date por felicitado en el día de hoy.

Guillermo Piquer. Diciembre 2020