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17/01/2023

LA CESTA DE LA COMPRA ESTA CARA. Cuento.

 


 

      Había una vez un lejano país, en el que todo era bonito, los propios habitantes se preocupaban de que todo fuera bien puesto que a todos les interesaba. El trabajo que esto les ocasionaba era atroz ya que lo tenían que sumar a sus quehaceres diarios. 

      Diose un día que decidieron delegar en uno de ellos, que parecía espabilado, para que se encargase de su bienestar y así ellos poder seguir con sus tareas. Era un buen hombre, muy honrado, trabajador y listo, que vivía en la casa de la esquina de una calle paralela a la calle mayor, con bastantes remiendos a vistas pero muy adecentada. 

      Así lo copiaron el resto de pueblos e hicieron lo mismo, cada cual se buscó a alguien que llevase sus cosas. Todo iba bien. Se les iba acumulando el trabajo a dichos encargados hasta el extremo de entre ellos unirse y formar un grupo común para resolver asuntos. Empezaron a tener que desplazarse los de aquí allá, los de allá aquí y los de aquí y allá más allá para tratar de solucionar cosas de importancia entre todos y los ciudadanos comenzaron a no entender porqué se necesitaba obrar así si cuando el encargado de su pueblo llevaba sin problema lo suyo cuando estaba sólo. Esto trajo que aquella casa en donde vivía ya no era suficiente para poder recibir a los otros ni para tratar los temas por lo que tuvo que buscarse una mayor. Estaba a sueldo del pueblo y esto empezaba a incrementar los gastos que tenían que satisfacer y sus mayores percepciones en todos los sentidos a más de los de los diversos asesores y ayudantes de los que se habían rodeado. 

      Los habitantes se fueron viendo obligados a ir incrementando los precios de sus productos, la leche comenzó a subir de precio, el panadero tuvo que subir su pan, el granjero tuvo que subir el precio de las carnes y de los huevos, y así uno tras otro todos los oficios... todos no porque algunos que se consideraban no productivos, por ejemplo el maestro del pueblo, que solo impartía educación y enseñanza para los futuros ciudadanos, tuvo que limitarse a seguir percibiendo lo mismo que antes y tener que pasarse a una vivienda más pobre. A otros oficios les pasó lo mismo. 

      Llegaba un momento en que ya todo había multiplicado su precio de tal forma que se estaba haciendo insostenible. Con las quejas continuadas que se producían, los encargados de gobernar cada pueblo vieron peligrar su forma de vida y propusieron, para solucionarlo, nombrar un Presidente General que estuviese por encima de todos ellos, y de cualquiera más, que sería siempre el que debería proponer y dar solución a las situaciones que se iban planteando.

       Pronto llegó ese día. Llegó un problema generalizado para los humildes habitantes de aquellos lares. El precio de los huevos, comida básica de todos ellos se había disparado y había que darle solución. El problema fue subido hasta el nivel del Presidente General el cual, viendo la gravedad del caso les dijo a los representantes de los ciudadanos que le dejaran pensar esa noche, dada la magnitud del problema, y que mañana les daría la solución.

       Mañana llegó, el Presidente dijo que ya tenía la solución, que no había sido fácil tomar una decisión que fuese justa pero que tras mucho pensar la había encontrado aunque por ser para el ámbito de todo el país debería darla como un Decreto que obligara como Ley a todos los habitantes. Se hacía de rogar la sabia decisión del Presidente, pero que para ello lo era, y finalmente les dijo que se publicaría un Decreto por el que todas las gallinas estaban obligadas a poner el doble de huevos con lo que al ser mayor la producción su precio se abarataría.

       Sabias palabras y sabia decisión. Ese mismo día fue publicado el Decreto y al día siguiente, en todos los gallineros del país se pusieron de forma obligatoria grandes carteles para que las gallinas los vieran bien en el que rezaba la decisión de Presidente convertida en Ley:


ES LEY. TODAS LAS GALLINAS ESTAIS OBLIGADAS A PONER EL DOBLE DE HUEVOS 


      Ante tan magnífica solución aportada por el Presidente todo el país se puso muy contento y así estuvieron por un corto período de tiempo en el que nada cambió y en el que nació un movimiento de gentes que no creían que esta fuese una solución y decidieron hacer charlas por los pueblos para hacer ver a todos que no lo era.

     No se si continuar el cuento o ya supones todo lo siguiente, es decir, pasado un tiempo estos grupos cogieron fuerza y le quitaron el poder al Presidente para que lo fuese uno de su grupo que ese sí que sabía como decidir las cosas. Unos les creyeron mejores, otros les creyeron peores, pero entre unos y otros el cuento continuó y ellos siguieron aprovechándose que tu te creyeras que no eran los unos sino los otros los que sabrían más y mejor y con todo eso ellos, mientras tanto, no perdían sus percepciones, no sólo eso sino que iban procurándose otras mayores, e iban teniendo mejores casas.. 

Guillermo Piquer F. Noviembre 2021


EL BESO EN LA LUNA. La leyenda de Selene


Para los que no hayan tenido la ocasión de fijarse en este detalle os lo remarco en esta imagen El Beso en la Luna. Alrededor de él existe también una leyenda, la leyenda de la diosa Selene y de su amante Endimión

 

En la mitología griega Selene, diosa de la Luna, fue protagonista de muchas historias de amor. Hermana de Helios, el Sol, y de Eos, la aurora. Su romance más profundo fue el que tuvo con Endimión, de origen divino, nieto de Zeus.

Endimión, que había ocupado el trono de Elida, fue destronado y buscó refugio en el monte Larmos dedicándose al pastoreo y a la contemplación de los astros del cielo cuando el astro padre, el Sol, por los montes se escondía. En aquellas largas vigilias del sueño el joven pastor miraba y miraba a la tan lejana y cercana Luna que alumbraba durante largas horas su soledad.

Al llegar la noche caía en un reparador y profundo sueño en la cueva que habitaba, aunque si el tiempo era bueno gustaba de dormir junto a la entrada de su cueva despojado de las pocas ropas que por el día del sol le protegían, mientras contemplaba a Selene que se había ido convirtiendo en su amada deseada. Desde allí nutría los deseos de su corazón con el amor secreto que le profesaba, hasta caer dormido.

Selene no sabía de lo referente a ese amor pero una mágica noche de luna llena bajó a la tierra, vio dormido y desnudo al joven Endimión en la entrada de la cueva, le gustó y le amó. Desde entonces la diosa le visitó todas las noches en que hubiera luna, le infundía el sueño para siempre encontrarlo dormido, y se recostaba junto a él, despacio, sin despertarle. Así, dormido él y despierta ella, durante mucho tiempo lo estuvo amando. Los hijos que con él tuvo son ahora estrellas, de las más brillantes y hermosas que tiene la noche.

La diosa Selene ignoraba el amor y la fascinación que despertaba en el pastor y el pastor ignoraba que durante el sueño se convertía en objeto de amor de la diosa. Y así fue hasta que una noche en que la luna se eclipsó Endimión despertó en pleno acto de amor. Y de esta forma fue como supo que la diosa Selene, a quien él adoraba, también se había enamorado de él y le había convertido en su amante. Ante el descubrimiento de tal coincidencia la felicidad les envolvió aunque al tiempo nació en Endimión el temor de perder a su amor, de que Selene se cansara de él y lo abandonara, pues era mucho el tiempo que ya lo tenía. Le pidió a Selene que le concediera la juventud eterna para ser así siempre su amante. Ella, ante tan interesante propuesta, intercedió ante Zeus que decidió que ni sufriría el paso del tiempo mientras estuviese dormido ni mientras Selene lo estuviese amando, sólo cuando siendo de día y no estuviese amando a Selene le transcurriría.

Selene, con inteligencia femenina de diosa, burló las concesiones de Zeus que les perjudicaban y en su ingenio decidió llevarse a Endimión a sus dominios de las perpetuas noches, a su reino de la Luna, en donde al no estar nunca jamás el día,  su amante, despierto o dormido, nunca envejecería. Desde entonces, desde tan remota antigüedad, Selene y Endimión, han estado a disposición el uno del otro en la belleza eterna de la noche.

Y ahora, que me preguntabas quienes son los dos amantes que se ven en la Luna, ya te puedo responder y puedes saber, que son ellos, la diosa Selene y su amante Endimión que estarán besándose y amándose para siempre por una pura historia de amor secreto de ambos que un día estalló.

Cuando mires la luna recuerda que allí se alberga la hermosa historia de amor de la diosa Selene.

Un relato fundamentado en leyendas de la mitología griega por Guillermo Piquer. 2015.