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26/01/2023

UNA INESPERADA LOVE STORY (2 de 4)


Estimado lector: Este es un relato imaginario de amor en el que cualquier parecido con alguna vida real será pura casualidad.
 


Despierto andaba yo caminando por la ciudad absorto en mis pensamientos un día y otro y en el subconsciente latentes las vivencias recientes de la Vida2, la del sueño, hasta que un buen día en que estaban haciendo en la calle un acto con bastante público, vi entre todas aquellas personas, en la opuesta acera a la mía, a lo lejos, a alguien que despertó y puso en primer plano mis oníricas vivencias. Lentamente, con temor de estar equivocado, mientras mi corazón latía acelerado, me fui acercando a aquella que semejaba la hermosa mujer de un lienzo trazada con delicados pinceles hasta que la tuve muy cercana a mi, y sí, pude discernir que sí, que se trataba de ella, de quien en el Edén había visto, de quien poseía aquella maravillosa aura y que también aquí era la más hermosa mujer que vi nunca y que al igual que en mis sueños emanaba vibraciones cual hechizos de Circe que me atraían y aprisionaban. Mi corazón dio un vuelco, se abrió, se tambaleó, se quedó turbado ante una mirada suya que por un instante se cruzó con la mía.

 

Sabiendo ya quién era y en dónde encontrarla me faltó el tiempo para planear cómo relacionarme con ella. En uno de los días siguientes, lanzado a por ella con audacia, la visité con alguna excusa que al caso hice venir para darme tímidamente a conocer. Fue como una presentación sin más pero por dios qué belleza tuve delante. Nos caímos bien como no podía ser de otra manera. Luego, día tras otro, la visitaba y le entraba con decisión, paso a paso, buscando avanzar en el objetivo de poder tenerla delante desde el mayor de los respetos y disfrutar de su cercanía, de su belleza, de su aroma, de sus preciosos ojos negros de azabache que relataban cómo era su alma, de sus carnosos y sensuales labios, de sus lindas mejillas de piel perfecta donde poder almacenar cariñosas caricias, de los negros cabellos que la adornaban. Necesitaba llenar mi espíritu de su presencia, era una mujer muy evolucionada tanto en el plano físico como en el espiritual, no era de este tiempo, era mucho más avanzada. No sabría ni definirla, ella era el color de las flores, el aroma de los perfumes, la caricia de la brisa, bonita, inteligente, dulce, tierna, y hasta muy sexy, porqué no decirlo si también lo era. Era, digamos, un hermoso poema embelleciendo el cuerpo de una hermosa mujer. Alabanzas doy a Dios por haberla hecho tan perfecta, tan bella y darme ojos para verla. Era una Princesa, mi Princesa soberana.

 

Al poco comencé a colmarla de regalos como al ser querido que para mi era y al principio se asustaba, trataba de protegerse diciéndome que su marido esto y aquello, como queriendo intercalar una barrera defensiva ante un recién llegado a su vida del que desconocía sus intenciones aunque, como mujer inteligente, claramente las vislumbraba, la ternura con que la miraba no ofrecía dudas, pero a mi aquellos débiles y no convencidos intentos de protección no me importaban, me importaba que ella se tranquilizara ante la nueva situación sementada y fuese capaz de activar su Vida2 para poder vivir conmigo todas las experiencias que nos aguardaban al margen de la Vida1. Ya que siendo que en nada interfieren la una con la otra, o al menos así lo creía, podríamos, con anhelo de los dos, hacerlo y vivir una vida al margen llena de amor .

 

-Escucha cielo, ahora te veo y te llevo un regalo que te acabo de comprar. Así era a menudo. Fue cediendo, accediendo y aceptando sentirse intensamente amada. Era un ángel, me gustaba su carita cuando le daba mis regalitos, que aunque materialmente eran sin importancia, la tenían porque utilizaban el sendero del cariño. A mi cielo se los acertaba pues yo al poco ya sabía mucho de lo que le gustaba, también eran libros de sus lecturas de cabecera preferidas.

 

-”Cuánto me quiere mi amigo, no para, fíjate, me ha traído una leche calentita por el frío que está haciendo... pero oye, cómo sabías tu que me gusta sin espumita por encima y sin azúcar?”

 

Sólo uno de los regalitos que le hice con cariño, con el mismo cariño que todos los demás, que fue una pulserita con su signo del zodiaco no se si se lo acerté pues nunca se la vi puesta, aunque, bueno, el día que vista más de sport la usará, pero aún así ella era perfecta, sin igual, una princesa, una reina, una diosa. No podía ni debía regalarle cosas más ostentosas que aquellas porque podría resultarle comprometido poder explicar a los suyos cuál era su procedencia. En una ocasión quise regalarle una medallita de oro como las otras que llevaba colgando de una fina y elegante cadenita en su cuello pero de otro santito que también fuese de su devoción, y naturalmente se negó, era demasiado riesgo. Al menos cada vez que registre sus cositas y vea la pulserita del zodíaco recordará al hombre que la amó como nunca jamás nadie lo hizo, o como yo le decía, que sólo tu querida madre es capaz de quererte como yo te amo. De vez en cuando, alguna vez, en algunos momentos, pensé que le producía una cierta inquietud sentirse tan intensamente amada.

 

En una ocasión, siendo nuestros comienzos, al sentirse tan mimada y regalada quiso ella expresar externamente sus dudas sobre si de forma definitiva ya había claudicado o no ante los amores que estaba recibiendo y que en ella estaban floreciendo y para ello, con expresión seria, me amonestó por tanto obsequio y agasajo, me quedé mirándola sonriendo feliz como un niño mientras me reñía y me preguntó que porqué me sonreía, le respondí que hasta cuando me regañaba era preciosa, sonrió y se fue a seguir con sus quehaceres.

 

-Sabes? Sería capaz de detectar tu presencia en los sitios por el aroma que siempre te acompaña.  Cuál es el aroma que usas,  lo podría saber?

-Ay amigo, secretos de mujeres y ese es el mío que tengo bien guardado, sólo te diré que lo vengo usando desde mi adolescencia, me encantó y ha pasado a formar parte de mí, pero es un secreto.

 

El secreto no duró mucho y me confió cuales eran los dos perfumes que usaba, uno, me dijo, es el habitual y el otro sólo de vez en cuando.

 

-Pues me encanta, si estoy en algún lugar en el que tu has estado y lo percibo me recuerda automáticamente a ti. Un día te lo voy a regalar también, eso sí que podrías justificarte diciendo que te lo has comprado tu, y cuando te lo regale te voy a pedir que lo tengas cerca de ti para que a través de él sienta tus vibraciones y podamos sentirnos sintonizados, me gustaría que ocupara un lugar en tu mesita de noche, así, cerca de ti. Lo pondrías allí?

 

Lo entendió y asimiló perfectamente puesto que en alguna ocasión posterior hablando de lo mismo me decía “y que lo ponga en mi mesita de noche”. Pero no se dio el caso de regalárselo pues yo lo había previsto para alguno de los días importantes suyos pero tal momento ya no llegó como propicio. Bastante más tarde lo tuve comprado y encargada su entrega como regalo de un admirador con una nota que le recordaría todo, mas lo desencargué porque ya no sabía si ella prefería que todo fuera quedando postergado a un plano más alejado.

 

-Sobre qué lado duermes, mi amor?

-Sobre el izquierdo, me dijo.

-Magnífico, yo también, mi lugar en la cama sería pues detrás de ti. Si viviéramos como una pareja real te pasaría mi brazo izquierdo por debajo de tu cuello, y te cogería la mano izquierda al tiempo que tu mano derecha acudía a reunirse con ellas. Sería el perfecto momento para llenarte de besos tu nuca, tu cuello, tus hombros, para acariciarte tu espalda con esos suaves arañazos que no dejan huella pero que tanto gusto dan hasta que te quedarías dormidita. Qué delicia mi amor.

 

-Te habrás dado cuenta, seguro estoy, que cuando estamos hablando, muchas veces me pierdo del tema por distracción, suele ser cada vez que tumbas el cuellecito mientras hablas, me parece una postura tuya tan sexy que me desvías de todo lo demás, cuando haces esa postura me dan ganas de comerte a besos empezando por ese atractivo y sensual cuello hasta llegar a los dedos de los pies, centímetro a centímetro, repasando tan escultural monumento como un Miguel Angel esculpiendo alguna de sus mejores obras.

Pero a todo esto no respondía, no debía de hacerlo.

Una inesperada Love Story. Por Guillermo Piquer. Navidades 2022