Fue una historia de dos personas, una mujer y un hombre jóvenes, que coincidieron en una época de la vida. Eran iguales, mismo poder, mismo hedonismo, misma alegría de vivir, mismo fuego interior, misma belleza transmitida a lo externo.
Por el comportamiento de ambos y la forma de utilizar sus mentes diría yo que estamos en un país mediterráneo, quizá fuese Grecia, quizá por el 1400, época renacentista, donde los poetas eran las gentes, sus pensamientos, su forma de entender la vida porque todo era superior, nada era mundano dado lo mucho que tenían viajado y culturas conocidas.
Bello, lo que para nosotros significaba disponer de una mente hermosa, había sido bendecido por los dioses porque su belleza exterior resguardaba una perfección interna. “Kaloskagathos” era el calificativo que se les aplicaba a los bendecidos por los dioses, agradable a la vista y buena persona. Esta sería una escueta definición del hombre griego. El hombre era alto y musculoso, de piernas largas, con mucho cabello y en la cabeza destacaban signos como frente y ojos amplios, una nariz y una mandíbula poderosas y una boca pequeña, que mostraban un perfil perfecto, el ideal de belleza masculino era atlético, y se les atribuían cualidades como voluntad, valor, equilibrio y belleza.
En ellas, en las mujeres, era distinto, porque eran de una gran belleza a nada comparable, tanto que los concursos de belleza eran habituales. Eúa, la que da vida, ese era el significado hebreo original de su nombre, guapísima mujer morena de ojos negros y mirada inquietante, la más bella de todas las mujeres griegas, interviniendo en uno de los concursos en el campo de las Olimpiadas, que es dónde se celebraban, y habiéndolo ganado se le otorgó el derecho a ubicar en dónde quería que se erigiese el templo de Afrodita. La mujer más bella con cuerpo perfecto tuvo la potestad de elegir en dónde se adoraría a la diosa más bella, Afrodita, diosa del amor de quien claramente era descendiente.
El ideal de belleza femenino era de una mujer no grande, delgada, pero con bonitas piernas y muslos generosos, de cabello ondulado rubio o de tonos claros y ojos grandes, la nariz pequeña, boca ovalada y carnosa, mejillas marcadas y mentón ovalado, los senos pequeños o medianos pero nunca grandes en exceso, bien torneados.
Y por aquí vamos a donde yo quería llegar, a la mujer española. La mujer española se caracteriza por muchas cosas porque sus históricos antepasados han sido muchos. Está vista como un ser místico, una mezcla entre religiosa y atrevida y con una decencia muy particular que le ha traído la historia, mujer que por muchas virtudes y características suele ser muy atractiva. Aunque el sistema social la mantuvo encerrada sin que se pudiera dar a conocer ocurre ahora que se ha liberado y puede enseñar cómo es, y no es de comportamiento indiferente sino apasionada y llena de vida, herencias de las culturas que tiene tras de si.
Su genética viene de bastantes siglos, desde los tiempos de los romanos que son sus orígenes de base, pero desde entonces nuestro país ha sido asentamiento de razas que con el transcurso de los años y las mezclas de genes que se han producido han creado características propias que distinguen a la mujer española, aquí hemos tenido desde ocupadores del norte de África, de hebreos, visigodos, cartagineses, germánicos, hasta etnias de la India. De dónde creías pues que han sacado esos ojos grandes, castaños o negros, piel clara pero bastante bronceada, pelo castaño, cejas marcadas, estatura media, nariz pequeña y perfilada, labios rojos y carnosos, pestañas largas, curvas encantadoras y sensuales, con cabellos ondulados, siempre refiriéndome a la española promedio. En cuanto a su carácter son alegres, son divertidas, no son muy abiertas, no destacan por ser cariñosas, serias en general, educadas, independientes y directas a lo que se marcan como meta. En reuniones con más personas no destacan por ser demasiado atentas. Son elegantes, innovadoras, puntuales, discretas, buenas en sus estudios pero sin perderse ningunas fiesta, emocionales y apasionadas en lo que les ha atrapado su atención, son sexys, cautivadoras, conquistan con su penetrante mirada, no son lanzadas porque saben que la seducción llegará por si sola, les gusta estar ocupadas y en ocasiones no saben separar su tiempo como madre, esposa, trabajadora y aventurera de su vida y lo entremezclan todo ello. Todo esto la dota de una personalidad propia que es fundamental para que sea una mujer atractiva.
Curiosamente, y a destacar, la seducción la llevan en sus genes, en su código genético, casi nunca es ella la que ataca a su presa, no le hace falta, el cortejo es bastante simple, mira, selecciona, encañona su mirada, le clava su dardo y la presa está perdida, ha entrado en sus redes de las que va a ser difícil, si no imposible, que se pueda zafar.
Si nos recorremos las diferentes partes de la geografía española estas son las características promedio de la mujer y variará en algunos aspectos según regiones como por ejemplo en cuerpos más grandes, más finos, más o menos alegres, más tendencia al cabello rubio, al moreno o al negro. Pero a la mujer de mi tierra, a la mujer valenciana, que no me la toque nadie porque es perfecta, no ha sido hecha en serie si no una a una poniendo gran atención en lo que se estaba haciendo.
Guillermo Piquer. 2023
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario