Sí, lo se, se que con tu sensatez te quieres mantener apartada de mi, quieres que nos mantengamos alejados, lo suficiente para que no renazca entre nosotros lo que ya existió, lo que ya vivimos y que sigue existiendo por mucho que intentemos ignorarlo. Casualmente ahora nos encontramos y no sabemos cómo actuar, como si de dos extraños se tratase pero lo interpretamos muy mal, ridículamente, la interpretación lo nuestro no es, aunque los dos sabríamos cómo hacerlo en el caso real.
En mis duermevelas te tengo delante, enfrente mio, tu hablando mientras yo te observo y te miro embriagándome de tí, como siempre fue, viendo como tus cabellos juguetean con tu belleza y llega el momento en que te interrumpo para decirte
-Me dejas que te de unos besos?. Y te quedaste como que sabías que te lo iba a pedir.
-Según..., me dices.
-A ninguno de ellos le dirías que no.
-Bueno, pues si es así...
Quiero darte un beso, uno, diez, cientos de ensordecedores besos que entre todos mantuvieran sitiada tu alma sin resquicio para poder escapar, aunque uno sólo de ellos también fuera capaz. Es difícil encontrar ese punto exacto en el que no hacernos daño a esa vida a la que nos debemos, quiero sentir como entras dentro de mi, de mi espíritu, de mi alma, como yo entro en la tuya, y de nuevo quedamos prisioneros el uno del otro como ya lo fuimos y lo seguiremos siendo aunque pretendamos ignorarlo. Quiero besar de ti esas finas mejillas que conforman tu rostro, quiero besar tu cabello, quiero recordar cómo son tus carnosos y preciosos labios pero no quisiera besarlos por no dar por acabada la espera de poderlo hacer, quiero besar tu cautivador cuello que tantas veces te dije que cuando haces ese ladeo de cabeza y lo dejas al descubierto me olvido de todo, me atrae, me enamora, me enloquece. Y bien, ya que no te quiero besar esos atractivos labios por lo dicho me vas a dejar que me acerque a ellos, que los sienta cercanos besándote en su comisura. Ese lo guardaré para el último y te tengo que pedir que tras los otros que le habrán precedido seas al menos tan fuerte como yo quisiera ser y no nos dejemos arrastrar hasta el transgresor beso final que nuestras almas nos estarán pidiendo, como aquel acoplamiento del ermitaño con su caracol.
Recuerdas el día que fui a verte y al poco de estar hablando me pediste con los ojos humedecidos que por favor me marchara, te dejase sola?,
-Eh, eh, eh, que te ocurre?, no, eso si que no, porque lloras? no me pongas triste tras la alegría de haberte visto de nuevo.
-Un día te lo diré, llegará el momento en que te lo diré.
Pero no llegó, nunca llegó saber porqué abrazaste aquellas lágrimas que no quisieras que hubiera visto?. Quiero besar tus lágrimas, sí, también a ellas.
Y todos esos años perdidos porqué lo fueron? Nos teníamos que volver a conocer en el día que ocurrió y no antes según está escrito en el destino de cada cual.
-Y porqué no pudo ser? Me preguntaba una y mil veces. Bien sabes que me lo preguntaba. Tu y yo no éramos extraños, ya habíamos vivido juntos una experiencia anterior a nuestra existencia actual como maravillosa pareja, envidia de cuantos nos conocieron, una princesa fuiste, tal como ahora hubieras sido también, una princesa hasta el último de nuestros días. Porqué no nos volvimos a conocer a tiempo de que volviese a ser así?. Era eso lo que habías recordado y te dio tus lagrimitas, tu recuerdo del pasado que te puso nostálgica como yo mismo lo estoy día tras día?, quizás, quizá fue eso.
Quisiera darte uno y mil besos. Quisiera ser parte de tu ser. Quisiera que fueses parte de mi ser. Es mi meta imposible soñada día tras día.
Guillermo Piquer. Noviembre 8. 2024

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