Ahora que estamos existiendo con el otoño, cuando todo viste de pardo y oro, cuando el sol dora las sombras y alarga las siluetas, cuando menos fuerza destilan las hermosas ánimas mortales, cuando todos abandonamos las murallas y almenas defensivas de nuestras fortalezas, cuando los árboles miran como sus danzarinas hojas vestidas de ocre bailan hasta los suelos, cuando palidecen las hierbas del campo, permitamos a nuestros sentimientos sin conciencia que vaguen, más, aún más, hasta que encuentren en la infinidad espacial de la noche que nos separa a nuestras paralelas almas dejándolas que disfruten de la ilusión de sentirse cercanas, de estar una junto a la otra, ilusión que cruelmente romperá el alba de la mañana, dejemos libertad a nuestro corazón para que se exprese sentimental, romántico, idealista, soñador mientras el ciclo de la Luna va adquiriendo luz otra vez para alcanzar la plenitud.
Este Bajo el Beso de la Luna que resuena en mi cabeza en la soledad, en el silencio y quietud de las avanzadas horas de la madrugada como un bandoneón que me hace vivir un tango, desearía que lo escuchaseis con los mismos oídos con que yo lo hago para dar pie a poderos contar mañana una historia de amor que enseña que en esos menesteres nunca estuvo todo dicho, que no existe la forma imposible, que la suprema belleza de los quereres del corazón tiene fuerza para romper cualquier barrera nocturna, sí, nocturna al menos, porque sí, mañana os voy a contar una bonita historia de amor vestida de cuento que tanto nos gustan.
Guillermo Piquer. Otoño 2018

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