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11/01/2023

LAS CELEBRACIONES



Cuando llegan estas fechas en las que por la cercanía de la Navidad comenzamos con las celebraciones entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. siempre trato de tener la precaución de que mis ojos estén bien abiertos, y es lo que os aconsejo, porque casualmente suele haber alguien que, por una razón u otra que tú ni imaginas, te quiere perjudicar. Yo lo he notado el año pasado porque al final lo pasé muy mal y es que uno u otra, por aquellas cosas que pasan en la vida y a las que no diste importancia pues parece que te guarde rencor.

Digo esto del año pasado porque a lo largo de la cena de amigos y conocidos que hicimos, chicas y chicos, éramos lo menos treinta y cinco, alguien de estos que os digo había porque acabé deduciendo que al menos uno de ellos me echaba algo en lo que tomaba porque yo al principio me encontraba muy bien y con alegría pero poco a poco empecé a sentirme no tan bien, todo me daba vueltas, y ya ni te digo de cómo me encontraba al día siguiente, para morirme.

Alguien había estado echándome algo raro en el vino blanco o en el vino tinto de la cena o en el carajillo de después o en el gin-tonic que tomé luego, y si no en la copa del Mari-Brizard. Si no fue ahí sería en el Martini posterior o en el Jerez, aunque también me lo pudo echar en el whiski con hielo, o en el mojito de fresa o en el de menta, o en alguna de las cervezas de más tarde, claro que con las charlas con tantas amistades uno no controla qué hace cada cual y cualquiera pudo ser. 

Ahora bien, cuando más descuidado estuve fue cuando me tome la copa de Felipe II, buen momento porque por unos instantes la tuve sola en la mesa mientras iba a echarme un poco de agua a la cara pues a pesar de estar tan cercanos a la Navidad esa noche sentía bastante calor.

A partir de ahí ya sólo hubo un cuba-libre y un vodka con naranja. Espera, espera que piense, alguien sacó una botella de un orujo de su pueblo y nos la zampamos, pero no creo que ahí fuese.

Después de eso ya sólo brindamos con champagne para desear que al próximo año nos pudiéramos reunir, a también pudo ser, claro, cuando todas las copas, halaaaa 35 copas, acercándose para chocar y que nadie controla. Yo creo que ya no tomé nada más, no recuerdo, sí, unos chupitos que nos invitó el señor del local. Pero os puedo asegurar que a la mañana siguiente me desperté con un dolor de cabeza y un mal cuerpo que me sentía morir.

No he podido llegar a ninguna conclusión clara de quien pudo haber sido el que me echaba polvitos, o lo que fuese, para que me perjudicaran tanto aunque quiero pensar de aquel que tuve una historia con la chica que después fue su novia, guapa chica que sigue igual, de guapa digo, y que para más inri estaban sentados ambos delante de mí y lo tendría más fácil que nadie… pero vaya mala leche.

Así que, haced caso de este desinteresado consejo que os doy por vuestro bien, en las reuniones en las que hay comida y bebida controlad muy bien, no perdais ojo porque puede que haya alguien con muy mala intención que os quiera perjudicar cuando eso es lo que menos te podrías imaginar. 

Desde entonces ya no he vuelto más a cenas, ceno yo solo en casa o en algún restaurante y después ya voy a tomar unas copas con ellos. Y ni así!!!, la mayoría de veces aún me joden!!!. Id con los ojos bien abiertos!!!

 Un relato de Guillermo Piquer. Diciembre 2018.

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