
Tengo una amiga que hace un poco de tiempo atrás, muy poco, debido a su trabajo, quizá excesivo, se toma su trabajo muy seriamente, empezó a sentir molestias en la zona lumbar. Cuando ya llevaba días así me hizo el comentario y, como sabía como pensaba, le dije que si no quería aliviarse a base de pastillas lo propio era que buscara la ayuda de un quiropráctico, por ejemplo, para ver si se aliviaba. Se lo cogió en serio, como se lo dije, pidió cita y fue a la consulta. Hasta aquí todo bien. Ahora viene lo que me contó.
Me contó: Estaba en la sesión de quiromasaje y te puedes imaginar el apuro que estaba pasando con toda la zona que tenía que tener al descubierto para los masajes y manipulaciones del quiromasajista en mis lumbares hasta la rabadilla. No se él que estaría pensando pero era, me dijo, un tipo joven y muy bien parecido, lo cual aún me daba más apuro y aún más influída por la tenue iluminación que incitaba a la relajación. Súmale a todo eso que yo tampoco estoy de mal ver.
Llevábamos ya un buen rato de sesión, ya me estaba yo tranquilizando, acostumbrándome al masajeo, masaje va, masaje viene, y sintiéndome a gusto cuando de pronto se para, se va a la parte delantera de la camilla, justo enfrente de mis ojos y me dice con voz suave, bajito como si no quisiera que le oyeran más allá que nosotros, hablaba así, con suavidad: Mira te voy a enseñar una cosa que me da a mi que no te disgustará. Y de pronto, dicho lo dicho, se levanta la parte delantera de la bata... casi me muero del susto de imaginar lo que venía a continuación, el chico sigue y se desabrocha el cinturón... por mi mente veo pasar lo que va a suceder, pero yo sólo había ido por los masajes, no sabía como reaccionar, echar a correr y salir huyendo de ese despachito que era la consulta en la que estábamos los dos sólos, pero cómo? con el culete al aire?, si me tenía que acabar de vestir ya no me daba tiempo a salir pitando, así que acepté la situación esperando a ver que era lo que ocurría y metida en el ajo como estaba vería en qué acababa aquello. El chico siguió, se quitó el cinturón y me dice, atenta a lo que te voy a enseñar, -yo muerta ya de miedo y ansiedad ante tal situación- hace una lazada con el cinturón, pone el pie pisando la lazada mientras sujeta el otro extremo con la mano y hace unas flexiones de cintura y luego estiramiento. Hacer esto te hará bien para lo que te ocurre, lo has visto bien?, si no lo haces con un cinturón lo haces con lo que te parezca, lo del cinturón sólo era un ejemplo.
Te creerás que me dio una subida de calor a la cara poniéndome muy colorada de vergüenza por lo que había pensado que iba a ocurrir?. Le hice una media sonrisa dándole las gracias por su consejo y volviendo a mi zona lumbar siguió masajeándome un rato más.
Cuando acabamos la sesión y nada más salir a la calle eché mano a mi bolso, saqué mi teléfono y de inmediato te llamé para contarte lo avergonzada que me sentía por haber pensado lo que imaginé que iba a ocurrir, imagínatelo, una habitacioncita arreglada muy cuqui, todo en una suave penumbra, el chico dándome masajes un rato ya en una zona digamos que sugerente y yo medio desnuda, tenía motivos para pensar que podía ocurrir otra cosa que la que pensé?. Pues qué llevaba yo dentro de mi cabeza?. Cómo pude pensar lo que pensé siendo que el muchacho era todo un joven, un apuesto joven sí, pero profesional. Mi querido amigo, necesitaba contártelo para sentirme mejor!!
Me eché a reir y ambos nos reímos, pero te sientes mejor?. Si, sí, me siento mejor, gracias por tu consejo. Y continuamos con nuestras risas hasta que ella me dijo que ya, que ya se le habían pasado un poco las vergüenzas de la situación contada. Veremos qué me cuenta de la próxima consulta, aunque a lo mejor no me lo cuenta, vete a saber, es impredecible esta mujer.
Guillermo Piquer. Marzo 2023
No hay comentarios:
Publicar un comentario