Gozaba yo en aquel entonces de una muy buena juventud, no creáis que lo considero algo meritoso porque no lo es, la juventud no es ningún mérito, la juventud no se gana, sólo se alcanza de la misma forma que luego se pierde aunque no hagas méritos ni para una cosa ni para la otra, bueno, bien, decía que en esa época y entre las muchas cosas que uno se siente capaz y con ganas de hacer pues se me metió en la cabeza que tenía que participar en un safari de tipo caza. Cuando ya tuve bien claro lo que quería fui centrándome en la idea principal, lo que yo quería era cazar un rinoceronte, sí, claro, el rinoceronte es junto al hipopótamo y el elefante una de las tres especies más grandes que viven sobre la superficie terrestre y eso era lo que yo llevaba en la joven mente de aquella mi cabeza.
Pues, nada, hay que empezar a planificar esto para ver cómo hacerlo, dónde y cuándo. Me recomendaron como seria y algo más económica una empresa de Madrid, “La Confianza”, que organizaba eventos de esa clase. Ni corto ni perezoso empecé mi odisea. Llamé y me cogió el teléfono una señorita de agradable voz, le dije cual era mi pretensión y con esos datos decidió que tendría que hablar con don Alfonso, que más tarde supe que era un aristócrata que a falta de formación académica se dedicaba a esto y parece ser que con éxito, pero resulta que el tal don Alfonso había salido con un cliente y ya en toda la mañana no iba a estar. Quedamos en que sería él quien me llamaría al día siguiente, le di a la señorita mi número de teléfono y en eso quedamos.
Al día siguiente me llama don Alfonso, por eso le iba bien su negocio de viajes de caza porque cumplía, y tras unos protocolarios saludos ya percibí de él que era una persona muy servicial, seria y con ganas de cumplir los deseos de los clientes.
Le conté cuales eran mis intenciones, me dijo que sin problemas, que eso del rinoceronte era posible hacerlo. Claro, le pregunte cuantos días, dónde y en cuánto calculaba que me podía salir. No se si me notó por teléfono que me puse amarillo al oir el precio pero se quedó callado unos momentos para ver yo cómo reaccionaba. Lo de los 6 días y lo de Kenia me parecía bien pero el precio... por dios!!! este hombre habrá pensado que soy de la familia real o algo así?. A ver, yo tener si que algo tenía ahorradito pero para pagar eso ni loco, eso haría que me hipotecara yo y hasta mis nietos, aún no tenía ni hijos, de por vida. Le dije que le llamaría al día siguiente tras haber pensado en todo ello.
Así lo hice, al día siguiente le llamé y me abrí un poco más a él para ver si podíamos llegar a un acuerdo. De cuánto dispone ud para ésto, me dijo. Cuando le dije de cuánto creí que me iba a colgar el teléfono pero no, no lo hizo y con eso demostró lo profesional que era.
Vamos a ver, lo que ud pretende que le organicemos y el dinero de que dispone es complicado de compaginar a menos que personalizáramos de pe a pa todo. En vez de viaje en avión hasta Kenia lo podría hacer ud con coche particularmente?. -Sí, yo tengo una camioneta que va muy bien, no es muy nueva pero si que creo que aguantaría. -Pues primer paso solucionado. Para la estancia allí si que he calculado que le llega y para proporcionarle los medios de caza conforme me los estoy proyectando también. Lo que no veo claro es cómo traerse ud el rinoceronte cazado a casa. -No, fíjese ud don Alfonso que mi ilusión es cazarlo, luego me lo puedo dejar allí, no sería problema y además resultaría más barato, no?. -Ah, pues todo atado y solucionado, para cuándo lo hacemos?. -Pues tendría que ser para primeros de agosto que es cuando me dan vacaciones en la empresa en donde trabajo, no sea que les pidiera las vacaciones para otras fechas y me echaran a la calle nada más acabar este contratito temporal que tengo. - Pues saldría ud el 1 de agosto de casa con su camioneta y contando que condujera más o menos unas 10 horas diarias cumplimentaría los 10.000 km a Kenia en 15 o 16 días, pues para el 17 de agosto estará todo previsto para empezar su safari. Ya puede ud hacerme el ingreso del importe para que lo ponga todo en marcha. -Don Alfonso, perdone pero se lo puedo pagar en tres veces?. -Venga, que me ha caído ud bien por la ilusión que le veo que tiene, no habría problema, ingréseme la tercera parte y mandeme un aval del Banco o alguien solvente para el resto. -Gracias don Alfonso, es ud muy amable y un gran profesional, muchísimas gracias por todo.
Camioneta limpia como el oro, depósito lleno, 1 de agosto, en marcha!!. La santísima Virgen de Covadonga, cómo es posible que esta gente pueda vivir con esta calor? Me achicharro aquí dentro y como el aire acondicionado ya hace un tiempo que se rompió y no me ha alcanzado aún para arreglarlo parece que cada km que hago sean veinte.
Hombre, un cartel indicador, a Kenia 14 km. Paro y por la ventanilla le pregunto a un tipo que andaba por aquella polvorienta carretera que por dónde se iba a Laikipia, el Parque que era mi destino, no conseguimos entendernos, hablan muy raro. Miré mi mapa y me dije, ya, para la derecha. Y seguí. Justo llego el 15 por la tarde, buen cálculo había hecho don Alfonso.
En el centro del pueblo estaban celebrando algo, o sería una costumbre, porque estaban las mujeres ataviadas con sus kangas mirando cómo los hombres danzaban, lanzas y escudos en mano. Los poblados eran circulares, manyatas se llaman, un conjunto de chozas que se construyen con estiércol, ramas y adobe pero en círculo para protegerse de los ataques de animales depredadores y las propias chozas se rodean con una barrera de espinos para lo mismo. Los que danzaban eran de diferentes edades, me interesé y aquel buen hombre que me atendía, con gran voluntad me explicó que los hombres tienen cuatro etapas en la vida, la infancia, guerrero menor, guerrero mayor y adulto. Para pasar de guerrero menor a guerrero mayor hay que cazar un león con sus propias manos y luego ya se se les practica la circuncisión y se les considera guerrero mayor. Me explicó que la poligamia es una de sus características más comunes en todos los poblados y que no está mal vista porque forma parte de sus costumbres. La finalidad de esas danzas que estaba viendo, me dijo, era ver quien conseguía dar el salto más alto. También me informó que si un masai me mira mientras apunta con su lanza hacia el suelo significa que me está retando a pelearme con él pero que si me ofrece un puñado de hierba es símbolo de paz porque eso es como oro, es el alimento de sus ganados. Pensé que socialmente estaban bastante adelantados porque tenían un gran respeto por sus ancianos, sus mayores son sagrados más o menos, también sus creencias religiosas lo son. Cuando las hijas todavía son niñas sus padres deciden con que niño la casarán cuando sea mayor, depende de cuánto ganado tenga la familia del niño. Me explicó estas cosas un anciano del poblado que dominaba bien el lenguaje de los gestos y la mímica.
Para el día 16 sólo tengo descanso y una reunión en la que me van a explicar mi safari de paquete económico en qué consistirá. En la reunión me explicaron en qué iba a consistir y no me lo podía creer, pero bueno si así lo había dispuesto la empresa del safari pues sería porque era de buenos resultados. Me pondrá al corriente mi guía al día siguiente, el joven negrito que me asignaron. A las 6 de la madrugada he de estar en la plaza del poblado. Todo el mundo se levanta muy temprano, si alguien no lo hace se considera que está enfermo y el brujo le hace toda clase de brujerías, incluidas las que le puedan causar mucha molestia para de ese modo tratar de expulsarle los malos espíritus que se han apoderado de él.
Por fin, día 17, hoy empieza mi auténtico safari para la caza de un rinoceronte. A las 6, todavía está el sol despuntando por el horizonte de aquellas inmensas sabanas cuando mi camioneta y yo estamos en la plaza tal como me dijeron. Al poco sale mi guía, el negrito, de la choza más grande de la plaza trayendo colgada del hombro una cuerda que parece bastante fuerte. Me dice que ya nos podemos ir. Le digo que dónde está el material para la caza, pues las balas, la escopeta, el sombrero de cazador, la red y todo lo que suponía como necesario. Me dice el negrito que todo eso no trae, que en mi pack de safari no entra, sólo entra la cuerda que ha traído. Alucino cada vez más, más que ayer en la reunión. Me dice -Bwana, confíar en mi, nosotros cazar rinoceronte. Bueno, ya veremos qué pasa. -Poner en marcha la camioneta y nosotros ir a un camino que yo decir. Así lo hago, me hace girar para acá, para allá, nos entramos en un camino de ese inmenso lugar y me dice que me pare. Paro, se baja, inspecciona un poco por el suelo, se vuelve a subir, se sienta y me dice que he de continuar un poco más.
Le pregunto qué es lo que estamos haciendo y me dice que lo primero que tenemos que hacer es buscar un sitio en el que haya rinocerontes, lógico, y que ya ha visto que allí los hay pero que me hace seguir un poco más porque por ese camino pasa alguno que otro para ir a beber a una charca cercana. Seguimos un poco más hasta que me dice que me pare. Es un estrechamiento del camino. Me asegura que ese es el sitio bueno para la caza, que esconda la camioneta detrás de aquellos matorrales para que el animal no sospeche que lo queremos cazar. Muy seguro estaba mi guía de lo que decía. -Esconder camionceta y volver aquí. Cuando regreso me señala dos árboles de grueso tronco cada uno a un lado del camino y me instruye -Nosotros cortar con mi machete un trozo de cuerda que tener que guardar para más tarde y nosotros atar la cuerda entre los dos árboles a esta altura. Me señala la altura de sus ojos pero, vamos, 1,20 m más o menos. La ato a uno de ellos y cuando voy a atarla al otro me dice que no, que así no, que tiene que quedar tirante. Lo hago y después saca unos trapitos rojos que llevaba en una bolsita hecha con ramitas y hojas de arbustos y me enseña que hay que atarlos a la cuerda cada un corto espacio para que la cuerda resulte bien visible. Hecho esto dice que ahora nos tenemos que esconder cada uno detrás de uno de los árboles y esperar a que venga el rinoceronte. Me da instrucciones de qué hacer cuando venga. Qué extraño me estaba resultando aquel safari, ni balas, ni un mal tirachinas, ni nada de nada sólo la cuerda y los trapitos. Pues nada, a esperar a que venga el animal. Tardaba, y yo sin almorzar, me estaba impacientando, pero de pronto empezamos a escuchar el ruido de unas pesadas y fuertes pisadas en el suelo de un rinoceronte que venía al trote. El negrito me da un silbido para que esté atento y haga lo que me explicó. El rinoceronte llega bastante rápido y ah amigo!!! cuando llega a la altura de la cuerda con los señalizadores rojos se da cuenta de que no puede pasar y se para en seco ante la cuerda. Ahora hay que poner en marcha el plan del negrito guía. Empieza él, le dice con un grito llamándole fuerte Rinoceronteeee!!!. El animal ante la llamada se gira hacia ese árbol para ver quién le está llamando pero el negrito no se deja ver. Ahora es mi turno: Rinoceronteeee!!!, se gira hacia mi árbol pero no me dejo ver. Continúa el negrito Rinoceronteeeee!!!, girón de cuello para allá, me toca Rinoceronteeee!!!, girón de cuello, el guía Rinoceronteeee!!!, yo Rinoceronteeee!!! y así cada vez más rápidamente y los volteos de cuello resultan rápidos y contínuos, Rinoceronteeee!!!, Rinoceronteeee!!!, Rinoceronteeee!!!, Rinoceronteeee!!!, y así seguimos, al menos diez minutos, hasta que al animal, aturdido por tanta llamada y giros de cuello, le da un mareo y se cae al suelo, no veas el estruendo que montó su caída. El negrito me hace señales para que vayamos enseguida hasta él y sacando el trozo de cuerda que guardamos le atamos entre los dos las patas delanteras para que no pudiera huir si se levantaba. Menudo mareo llevaba el animal, tenía los párpados entreabiertos y le estaba viendo como sus pupilas no paraban de dar vueltas. Arrimé la camioneta, quitamos la cuerda de los árboles para guardarla y entre los dos, uno cogido de su cuerno y otro de su cola, como pudimos lo subimos al vehículo antes de que se le pasara el mareo.
Pues no había resultado tan difícil, sí que eran unos auténticos profesionales, o al menos así me lo estaba pareciendo. Llegamos al manyata y algunos niños estaban a la puerta de su choza viendo nuestra llegada con tan grande y peligroso animal vivo cargado en mi camioneta, las demás personas me dio la impresión de que más bien se escondían, no se muy bien porqué sería. Salió de la choza grande el que allí era el representante de la empresa del safari, el mismo con el que había tenido la reunión, y me dijo que el rinoceronte, según mi contrato con ellos, no me lo podía llevar a casa, que tenía que dejarlo allí. Me dio instrucciones de llevarlo a un descampado de las afueras para descargarlo. Acudió el hechicero y le dio a beber al rinoceronte una pócima para que no se pusiera peligroso porque ya se le estaba pasando el trauma que le habíamos ocasionado. El guía y yo nos dirigimos al descampado indicado, abrimos la portezuela de la caja de la camioneta, nos subimos los dos a ella y empujando al animal desde su cabeza lo descargamos.
En la choza-bar del poblado, mi guía y yo, nos tomamos una cerveza bien fría porque nos la habíamos ganado. Pagué yo la cuenta de las cervezas de los dos, le di las gracias y con esto acabó el safari con el que tanto había soñado. Lo que siguió después no tiene relevancia, y tras echarme un poco de agua fresca en la cara emprendí el regreso a casa.
Unos cuantos días después, por la tarde, justo dos días antes de que se me acabaran las vacaciones llegué a casa más contento que unas pascuas, había cumplido mi gran deseo, no muy acorde con lo que desde un principio había pensado que sería mi safari, pero contento al fin y al cabo.
El martes estaba en el bar contándoles mi proeza a mis amigos. Unos se hacían cruces oyendo mi relato, otros se tapaban disimuladamente la boca no se porqué aunque parecía como que se rieran, pero no entendía porqué. Al rato entró mi amigo Miguel, ese si que es un trotamundos, no para, siempre está de aventura por ahí y al oir lo que estaba yo contando me preguntó con qué empresa lo había contratado, le dije que con “La Confianza”. Se echó a reir, jajajajajaja, con don Alfonso????, no me digas que has sido uno de los incautos que han picado con el tal don Alfonso!!!. Es un estafador que vive de eso, de las estafas, ha tenido un montón de empresitas de las que vive del timo hasta que le conocen demasiado y tiene que cambiar a otra clase de estafa, empresa con otro nombre y cambiarse su nombre de cara a los incautos, ya oí ya que ahora se hace llamar don Alfonso, que dice ser un descendiente de la aristocracia y se dedica a vender supuestos safaris. Espero que te haya ido todo bien!!.
Guillermo Piquer. Abril 2023

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